lunes, 28 de febrero de 2011

TEREPOEMAS

I
No es suficiente el calor de tu neurona afásica
No es suficiente el espacio de tu nervio distendido
No es suficiente el alma de tus bezos sin calma
No es suficiente la tirantez de tu cuello enramado
No es suficiente el caos de mis asistencias labiales
No es suficiente el despertar de mi altar trémulo
No es suficiente el sol de mi augusta mirada
No es suficiente la sensación de mi grácil esperanza
Basta con el palpitar del centro de mi mundo y de mi cuerpo
Basta con tus manos enredadas a tus dedos
Basta con sentir fuego muy dentro
Basta contigo.

II
Enamorarse de ti resulta inevitable.
Se inquieta el brillo de la nada,
Resplandece en tu mente.
Provoca un giro a tu mirada.

Se queda vacía tu alma,
Yace la blanca armonía del silencio
Y desvanece la noche al compás
De un solo latido.

Es el caos,
Genera perspectivas
Hay un todo en uno:
Nosotros.


III
Los sonidos hablaron,
Vivieron una canción: flor dormida en la prisión

Qué capricho se asoma a tu rincón.
Labios sin color.

Suspiros dibujan la sombra del llanto,
Midiendo más que tu costado.

Las heridas sonriendo.
Tú, arrancándole algo de humor.

¡Silencio!

La vida
Se acaba.

IV
Rareza es tu silencio
Entre la nada.
Vistiendo traje de triste y atolondrado,
Cantando en tu mirada
La derrota de un cenit desaparecido
Vas…

Tú, augusto y orondo
Entre los espejos
Abrazado a tu “humanidad”

… Qué solo sólo AS quedado.

V
Angelical
Luzbel, de
Sonrisa dulce y serena;
Quieta rosa
Del amanecer
Venida del mar celeste
A florecer
En mi jardín.

Extensión de las llamas
Que llegaste hacia mí,
Como ardiente helada
En el atardecer.

Con las orillas de tus ojos
Llenas de agua maldita…
Así te vas hoy.

VI
La secuencia fue interrumpida,
no más alegría,
no más pasos lentos
no más vida…
Cada siesta de besos
cada llanto afortunado
cada suspiro sin serlo
yacen ahora figurados
confundidos, absorbidos…

Vibran la rabia, el solo
extirpados por el stand bay,
por la infelicidad siendo ahora,…

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE LEER (POEMAS)?

Prof. Teresa Menor Alarcón

“Supone la poesía una lectura distinta, no sólo por su forma versificada, su ritmo o la medida, sino porque requiere del lector una atención particular.” Mendoza fililla Andrés.

Cuanto leas lo podrás demostrar en tu decir, pensar, actuar y hacer. En definitiva, la competencia literaria define tu ser literario.

Por ejemplo, en el hablar diario. Todos los días lo hacemos torpe, fluida o inhibidamente, pero lo hacemos. A caso ¿Es sólo de expertos no cometer un error de incoherencia e inadecuación?, aunque sólo eso no baste para demostrar que podemos ser incompetentes lingüísticamente, estamos seguros de que seríamos de las personas que poco hablamos o se dejan escuchar, en algunas ocasiones. Pero a veces no hay quien nos detenga, porque conocemos muy bien sobre lo que hablamos, y lo que menos queremos es que nos interrumpan. Además, sabemos que estamos manteniendo la atención de nuestro(s) oyente(s), pero si no sabemos sobre el tema, o no manejamos nuestro idioma correctamente, ni nos expresamos adecuadamente ¿Qué pasaría?

Mantener un diálogo no es sencillo, debemos recurrir a algunas estrategias (conscientes o no) que nos permitan no “aburrir” al oyente y éste también debe estar alerta a lo que le ofrecemos en nuestra conversación, de lo contrario los “aburridos” seremos nosotros. Lo mismo sucede con la lectura de textos literarios (poéticos). El lector del texto poético es un ente activo que participa y colabora en la construcción del sentido del mismo. Si un alumno (en términos específicos) carece de estrategias (lectura estratégica) para leer, difícilmente podrá comprender. Entonces, ¿Qué se necesita para comprender un poema? Tal vez leer, leer, y leer. Luego, imaginar, imaginar e imaginar. Quizá sentir, sentir y sentir. O también, creer. Así nuestro diálogo podrá mantenerse y satisfacernos, de lo contrario entraremos en la lista de los que opinan: leer es aburrido; leer poemas, mucho más.
Sin pecar de pragmáticos, sabemos que un poema también es un acto de lenguaje, es una unidad de comunicación, una unidad de intercambio lingüístico. Ahí se afirma, ordena, promete, pregunta, etc. Por lo tanto el alumno debe ser consciente de ello.

Según Samuel Levin, el poeta nos dice “Yo me imagino a mí mismo en, y te invito a ti a concebir un mundo en el que (yo te pregunto, te digo, te ruego, et.)”. La realidad y verdad se queda en suspenso, para dar paso a la verosimilitud. Entonces, el alumno sabrá que es un mundo posible, imaginado, que el poeta está dispuesto a compartirlo con él como lector.

El alumno supone un contrato de creencia: Yo te creo lo que tú me dices a través del poema. A partir de su forma “diferente” de pensar comprenderá las ideas, las realidades o mundos posibles que el texto poético le ofrece.
Ahora bien, si esta actitud la llevamos a su actuar diario, su relación con los demás es también “distinta”, puesto que como lector (constante) ha desarrollado su sensibilidad, su imaginación, su capacidad de apertura para comprender su entorno sociocultural, hasta podríamos decir, su capacidad para expresar el mundo (su mundo) a través de la literatura, la música, la pintura, etc. Hemos llegado al fin último: ha adquirido la competencia comunicativa, que abarca a las demás: competencia literaria, competencia lingüística, competencia cultural. Como cita Carlos Lomas en una entrevista que le hicieron sobre “por qué desarrollar competencias en los estudiantes”:
“A juicio de autores como de Canale, Swain y Hymes, la adquisición de la competencia comunicativa se alcanza cuando se usan de forma apropiada un conjunto de conocimientos, destrezas y normas que son hoy esenciales para comportarse comunicativamente no sólo de una manera correcta sino también, y sobre todo, adecuada a las características del contexto y de la situación en que tiene lugar el intercambio comunicativo.” (LUZ HELENA RODRÍGUEZ y CARLOS SÁNCHEZ LOZANO)

Estos cuatro saberes se constituyen en habilidades y estrategias que entran en funcionamiento ante una conversación o una lectura. Gracias a mi saber cultural (mis lecturas) puedo enriquecer mi saber sobre el otro, y ese incremento positivo repercutirá necesariamente en el ámbito de un saber hacer cotidiano que, al mismo tiempo, está diciendo cosas de mí, de mi personalidad y de mi posición en el mundo. Así, conocer a alguien se vuelve trascendental, porque implica procesos muy complejos y conscientes.
Volvemos a la idea que se expresó en el párrafo primero de este trabajo. Lo que decimos, cómo lo decimos y cuándo lo decimos, define nuestro ser, ya sea literario, lingüístico, sociocultural.
En la escuela sucede un cuadro similar con muchos alumnos, quienes no sólo no tienen un gusto u obligación por leer, sino que no leen textos poéticos frecuentemente. Entonces, pedirles que los comprendan es una tarea complicada para ellos, por no decir, imposible. ¿Por qué? La respuesta está en la competencia comunicativa (para el caso, literaria) del profesor.

La competencia lingüística (dominio de la lengua materna) es base fundamental para poder manejar un sistema de signos que configura una realidad, un mundo posible, diferente al que nos ofrece la lengua familiar, popular. Por lo tanto, si el alumno no está familiarizado con su lengua, tampoco podríamos exigirle que lea textos poéticos y los comprenda o más, que los produzca. Sin embargo, eso no implica que no disfrute de ellos al escucharlos. Para el caso de alumnos del nivel secundario, el profesor debe ofrecerles variedad en cantidades heterogéneas. La metodología deberá ajustarse a ciertos criterios que el profesor maneje para cada grupo de alumnos.
Recordemos que la lectura es un proceso complejo, que va de comprender un mundo concreto y a vista de nuestros ojos, a un mundo de sonidos constantemente tocados por nuestros labios; Y leer poemas, por supuesto que también lo es. Ahí es donde el alumno necesita poseer ciertos saberes (textos poéticos) que lo ayuden para poder asociarlos e interiorizarlos con lo que va leyendo continuamente. La lectura de textos poéticos puede practicarse aún cuando los alumnos están aprendiendo a leer. La finalidad es que se familiaricen con el tipo de texto y no lo sientan extraño más adelante. Además, hay material bibliográfico de ese tipo exclusivo para niños que empiezan el jardín y los primeros grados. Sólo necesitamos la participación comprometida de los profesores.
En el nivel secundario, si seguimos con la misma visión, la práctica de la lectura será una constante, y en lo sucesivo tendremos profesionales lectores. ¿Es difícil hacer eso? Seguro que sí, para quienes piensan que la competencia lectora se termina en 2do grado de primaria y se desarrolla sola en los posteriores grados. Así, hemos llegado a tener alumnos en 6to grado o en 4to de secundaria e incluso, alumnos universitarios que no leen fluidamente y que ante una pregunta de lo leído, sólo atinan a mirarnos. En algunos casos, podemos aceptar que es timidez, pero si esa actitud es la misma siempre, ya no podemos decir lo mismo. Debemos estar alertas y trabajar más en comprender la idea: leer fluidamente es comprender lo leído. También en estar convencidos de que la práctica de la lectura no se termina en la primaria, y que es una actividad necesaria tanto para profesores y alumnos, y demás personas.

En términos generales, la lectura no está exenta de la vida misma. A donde vamos está con nosotros la intención (automática) de leer. Pero claro, a nadie se le ocurriría comparar actividades diarias y “sencillas” (como caminar, cocinar, bailar, estudiar) con la lectura de unos poemas. Digo: unos, pues de otros, ya no depende de la lectura base que hayamos realizado, sino de la imaginación. Capacidad que también se desarrolla cuando se lee.
La lectura de poemas supone una lectura distinta, no sólo por su forma, sino por su fondo y porque requiere del lector una atención particular. El alumno necesita distraerse en lo que escucha o lee y, además, dejarse llevar por la libertad con que expresa sus ideales el poeta. Necesita saber que no es verdad lo que se dice; que no es experiencia vivida, pero sí sentida; que es fruto de lectura tras lectura. Precisa en no ignorar que el poeta se constituye por cuantas lecturas haya realizado durante su afán por escribir. Necesita saber que el poeta tiene competencia lingüística, literaria, discursiva y comunicativa para lograr mantener su atención y entretenerlo y, por qué no, enseñarle nuevas sobre el mundo y el mundo poético.
En los poemas se configura un mundo abstracto y figurado que pocas veces los lectores primarios llegan a comprenderlo, menos si no hay familiaridad con el tipo de lenguaje en el que están escritos.
La competencia del poeta para saber expresar poéticamente su mundo subjetivo, debe ser recompensada con la competencia del lector: comprender lo que ha leído. De lo contrario, no habrá un diálogo que construya conocimientos y desarrolle sensibilidad.

En el colegio, si queremos que los alumnos lean poemas, pues debemos leerle poemas. O si se trata de comentar un poema, haremos comentario. Pero, ¿qué tipo de poemas?, ¿por qué estos sí y esos, no? El inicio del problema entonces, está en la competencia literaria (llamada también cultural) del profesor. Mientras el profesor tenga una vasta bibliografía leída y conozca algunas preferencias temáticas por los alumnos de tal o cual edad, no tendrá mayores problemas.
La lectura de textos poéticos hecha por los alumnos va de la mano con la del profesor. Le ofrece poco, porque es poco lo que lee. O lee poemas sin mayor intención para desarrollar sensibilidad u otras capacidades porque eso es lo que le han leído hace mucho tiempo o fue lo único que leyó sin querer. Vamos, entonces a preguntarnos: ¿por qué no leemos los profesores?
La respuesta quedará para un trabajo aparte, mientras leamos lo que dice Felipe Garrido a cerca del profesor:
“Ser maestro debería ser sinónimo de ser lector. Es urgente (…) La formación de una conciencia que rechace la idea de que un maestro puede no leer.
Ser lector, para los maestros, debe ser una preocupación personal y profesional. Los maestros deben acudir a las bibliotecas y a las librerías, en un esfuerzo constante y creciente por hacerse cada vez lectores más capaces, más ávidos, más curiosos, más completos. Un maestro debería estar siempre leyendo dos o tres libros; debería llevar siempre consigo una novela, un libro de poemas o de cuentos. Un maestro debe ser un lector bien formado, que conozca de primera mano nuestra tradición literaria; debe ser también un lector curioso, ávido de novedades, atento a lo que se va publicando.
Son los maestros quienes pueden transformar el país en que vivimos, al través de la lectura. La lectura de los maestros, de sus alumnos, de los padres de familia. Si los maestros no lo hacen, nadie más podrá hacerlo. En su corazón y en sus manos se encuentra esta tarea colosal.”

En las aulas muchas veces ponemos énfasis en la lectura obligada: deben leer, hay que leer, tienen que leer. Podemos hacer un alto y decir: quiero leer, ¿me lo permiten?, ¿alguien quiere leer conmigo?, ¿puede alguien compartir la lectura de…? El modo como queremos acercarlos a la lectura suele ser común. Intentemos ser creativos constantemente, sobretodo cuando trabajamos, dialogamos y aprendemos con alumnos de los tres últimos grados de primaria y de secundaria. Claro, que esto no es una regla sin excepciones.
Y para el profesor que no lee, que lo haga con sus alumnos de manera que ellos sean su ejemplo y en adelante pueda comprender que la lectura no es una tarea, no es una obligación, no es un trabajo, sino una necesidad para crecer y ser competente culturalmente. Recordemos que los poemas constituyen un mundo de expresión de otras lecturas, de otros mundos, de otras vidas. Por ello, comprender un poema es competencia de cualquier persona que ha leído y ha leído poemas, mucho más. Entonces, partamos de la idea: leer para comprender.

Como lectora de textos literarios (poéticos) me he dado cuenta de que cada vez hay mucho por leer, más por comprender. El gusto por la lectura lo fui adquiriendo en el colegio. Leí numerosas obras y poemas, pero hasta entonces no sabía cuán importante era leer. Sólo sabía que al comentar una obra yo no iba a quedarme callada. Después, creí que saber leer era un hacer que cualquiera podría hacerlo. Claro, teniendo 18 años, pensar eso era lógico. Sin embargo, me di cuenta que leía bien, pero no comprendía todo lo que leía. Cuando te enfrentas a textos escritos de especialidad, que te hablan en un lenguaje técnico y “difícil-culto” (para mí) es preocupante. El reto era comprender y, lectura tras lectura, con gusto o no, fui aceptando que leer es una actividad que demanda de constante práctica. Por eso, es nuestro deber para con los alumnos asumir el compromiso de hacerlos leer y comprender lo leído, luego se darán cuenta de que leer forma parte de sus vidas.
Los invito a creer que leer poemas es uno de los ejercicios asequibles para seguir practicando la lectura; y también a comprender la siguiente cita:
“Es tarea del docente de lengua y literatura mejorar las competencias comunicativas del alumnado”. Entrevista a Carlos Lomas, reconocido especialista español en didáctica de la lengua y la literatura.

¿ESTUDIAR PARA POSTULAR, O PREPARARME PARA TRABAJAR?

Teresa Liliana Menor Alarcón
La etapa de sometimiento ante un examen de nombramiento, felizmente ya termina. Pero, en lo sucesivo expondré las posibles causas y consecuencias que de ella se desprenden.

Para empezar, la nota de un examen es uno de muchos indicadores de evaluación, pero no menos importante para saber que algo anda mal o bien en el proceso de aprendizaje de cada uno de los alumnos. Es una fuente importante de información, tanto para el alumno como para el profesor (y para los padres, también). Sirve para hacer una probable reflexión sobre cómo se realizaron las sesiones de aprendizaje, qué se debió abarcar con mayor o menor tiempo y profundidad, qué dificultades se presentaron, entre otros aspectos. Pero sobre todo para tomar una decisión conjunta en cuanto a una reprogramación totalizadora del proceso. La realización de entrevistas, conversaciones, observaciones, investigación de los contenidos; la lectura sobre el ser del grupo que estamos formando, el ambiente laboral y de aula, las expectativas y más, permitirán obtener, más que alcanzar, resultados satisfactorios para todos.
La evaluación, entonces no se limita a una nota ni su finalidad es excluir a quienes no obtienen una aprobatoria. Sin embargo, mientras en las aulas cada profesor peruano intenta y (creo lo ha logrado en gran medida) no seguir arrastrando el modelo tradicional, que promueve la aplicación de pruebas con ítem para marcar cuál es la respuesta correcta, o donde el acto de redactar es casi nulo, cada uno de ellos nuevamente sería testigo, este 13 de febrero de un examen que tiene esas característica. Entonces, esto resulta siendo una incoherencia ¿de qué tipo: cruel?
Tal vez resulta más fácil, no menos costoso asumir la idea de ver a cada profesor como un postulante que lo único que lo diferencia de éste es que no tiene ni 15 ni 18 años de edad. Por lo demás, dispone de tres horas cronológicas, de una cartilla para marcar su respuesta y de un cuadernillo donde se presenta el contenido correspondiente a cultura pedagógica, contenidos de especialidad, conocimientos sobre currículo y un test psicológico que seguro sirve para marearlos más. E incluso, resulta irrisorio y contraproducente que en dicho examen los profesores respondan ítems sobre la evaluación de proceso, siendo ellos, sujetos hasta ahora de rendir una de tipo sumativa. ¿Cuál es el objetivo de todo esto?

Papel importante cumplieron los grupos de estudio, las academias, universidades, y demás entidades a fines a la educación que han querido aprovecharse de tal situación, generando una necesidad de preparación pre examen de nombramiento, donde dos meses antes de la fecha, los profesores cual alumnos pre-universitarios han acudido para afianzar, recordar, dominar, memorizar contenidos que han quedado relegados en un rincón porque ni como saberes previos han sido utilizado al ejercer su carrera. Las capacidades, habilidades y destrezas que se desarrollaron en su momento al haber estudiado tal o cual materia, durante los 11 años de educación básica regular son las que sirven, y qué decir de la etapa pre-escolar. Volver a aplicar fórmulas para el conteo de figuras, hacer una lista de palabras rebuscadas para creer en ese momento que gozamos de un variado repertorio léxico, aplicar fórmulas de simplificación, recordar seno de 45 y la fórmula de la base del triángulo; hacer nemotecnia para recordar los propósitos de la educación peruana o los objetivos de la misma, ya no tiene sentido. Todos y muchísimos más, ya están olvidados o están siendo aplicados acorde a una realidad. ¿O no profesores de inicial, primaria y secundaria?

Por otro lado, todos sabemos que es necesario ampliar nuestros horizontes culturales, conocer algo de la realidad regional, nacional e internacional, y mucho más de aspectos que involucra el quehacer profesional que nos compete. No obstante, no responder a una pregunta sobre esto o aquello, acarrea una serie de calificativos para el profesor. Lo tildan como descontextualizado, no lector, desactualizado, ignorante, incompetente, desubicado, etc. Entonces, surge la necesidad de leer obligatoriamente sobre la geografía, la población o la extensión territorial de alguna zona de Lambayeque. Podría resultarle menos difícil si es que el postulante viviera en el mismo departamento, pero ¿Qué pasa cuando el profesor viene desde Tacabamba, Moyobamba, Juanjui, u otros lugares alejados de nuestra región? Ante dicho fenómeno, no sé si es pertinente el requisito de dar examen en Chiclayo, y seguir el proceso en el distrito, caserío o centro poblado de un departamento cuya realidad sólo podrías conocerla viviendo en él. Mencioné conocerla, no saber la lección de paporreta y luego de pasar el examen o la entrevista no te sirva de nada.
Otra de las causas es que carecemos de una política educativa y de un modelo de evaluación acordes con las necesidades y características de los profesores- alumnos. Que generen interés por formar personas con carácter de investigador, desde las escuelas y en lo sucesivo, en las universidades; que orienten el trabajo del fututo profesional, y si es profesor, mucho más. Una política en la que se manifieste preocupación por formar al profesor desde antes que éste lo sea. Esto es posible, si la evaluación responde a una política educativa que tenga referencia en los diagnósticos reales y precisos, y también, si la evaluación se concibe según enfoques no distantes de la realidad educativa peruana. Cuenta también el hecho de primero prepara al profesor en qué consiste y cómo aplicar un modelo de evaluación, y no suceda al revés. Además, un profesor “postulante” no es más competente por tener bajo el brazo gran cantidad de constancias, mientras que quienes están nombrados, aduras penas, ostentan sólo el título de profesor y, a veces, ni eso. Claro, todos sabemos que esto tiene otro origen, que no es el caso manifestar porque es obvio. Siendo así, ¿cabe una evaluación (sólo) de tipo cuantitativa?

Centrémonos ahora, en el profesor, quien muchas veces decide capacitarse no por querer ser mejore, sino por temor a salir desaprobado en las improvisadas evaluaciones del Ministerio de Educación. Aunque si lo hiciera por iniciativa propia, sabríamos con quien contar para ser realidad la frase: “mejores profesores, mejores alumnos”. Estoy segura, que si los estudios de especialización respondieran a exigencias personales, por convicción y vocación, la educación en el Perú sería de calidad, ideal que nos lleva a repetir lo siguiente: formar alumnos- profesores con carácter de investigador. De lo contrario, se seguirá creyendo que quien tiene más grados y títulos, cartones de capacitaciones, talleres, cursos y otros merece, en cierto modo, ciertas preferencias. Esto es peligroso, más aún si la obtención de aquellos es producto de un negocio clandestino o de contar con unos minutos para hacer acto de presencia para firmar y, finalizada la jornada, otra vez aparecer para recogerlos o ser incluido en la lista de asistencia. Se sabe que es cuestión de ética profesional, pero también de una cultura de evaluación integral y coherente en toda institución educativa, respaldada por investigaciones que le permitan al profesor – evaluador concebir la evaluación como una vía para hacer crecer y mejorar al profesor- alumno como profesional y ser humano. A estas alturas, no podemos seguir a la deriva, dando cabida a la improvisación, a la mediocridad, al facilismo y tanta corrupción. En este sentido, el profesor no debe exasperarse y dejarse sorprender por sujetos cuyo objetivo es desacreditar su imagen profesional y llenarse los bolsillos a costas de uno. El proceso de evaluación, iniciado con el examen de nombramiento no está siendo transparente, y sólo el que quiera tapar el sol con un dedo cree equivocadamente que logrará una plaza sin ir a un juicio o pagar una determinada suma de dinero. Lamentablemente es la realidad. ¿A caso es la necesidad, la desesperación, lo que lleva al profesor a involucrarse en viles actos con tal de gozar de estabilidad laboral, solvencia económica, seguro de salud, y demás beneficios?

¿Y qué piensa usted de la evaluación de la clase modelo? La deficiencia en su realización, constituye otra de las causas. Para empezar, el cronograma publicado no se respeta, las aulas que son designadas para desarrollar la sesión está propensa a cambiar (“ya no vas a realizarlo en 5D, sino en 4to C” – Escuché decir a un jurado), y el jurado evaluador llega tarde o la ausencia de uno se cubre o no por otro improvisado. En cuanto al tiempo, son 45 minutos establecidos y organizados, según cada momento, pero resulta que o el observador se durmió, o está recién leyendo la ficha de observación o no pasa ni 15 minutos y ya finaliza su participación. Las condiciones de seguridad para que el proceso de nombramiento se realice con total transparencia no inician en las bóvedas del Banco ni en contratar a escuadrones de policías. Termina en cada persona directamente involucrada como observador, como revisor, como técnico, como archivador, como postulante o como jurado. Uno no puede denunciar tal negligencia porque la frase “papelito manda”, o “una imagen vale más que mil palabras” no le resulta nada beneficioso al profesor cuando no cuenta con ningún papel ni fotografía, tan sólo con unos ojos que son testigo de todo ello. En ese sentido, es importante tomar en cuenta la disparidad que podría haber entre la concepción de evaluación que maneja el jurado calificador y la del profesor evaluado. Para no acentuar dicha diferencia, el evaluador debe ceñirse a los indicadores, los mismos que deben ser claros, precisos y específicos. Este mismo procedimiento lo hacen los supervisores de la DRE (Dirección Regional de Educación) o la UGL (Unidad de Gestión Educativa) al visitar las aulas para saber sobre el desempeño del profesor. Entonces, por qué el Ministerio de Educación no toma en cuenta dicha información, la misma que es real e inmediata y sin sobornos. Podríamos evitar gastos innecesarios y disgustos vanos, cuando a pocos días de un examen, éste circula por cuanta mano lo reciba, obligando después su obligada postergación.
Si tuviera que aceptar un proceso de nombramiento serio y confiable, apostaría por que la clase modelo sea la única forma de garantizar una preparación idónea del profesor. Sin perder mucho dinero ni tiempo.

Pero no sólo existen causas y consecuencias, sino razones para sustentar la pervivencia de la ya referida etapa. Para no sentirse excluido como aquel alumno cuando el profesor le grita o reclama por qué ha salido “jalado”, el Gobierno junto con el Ministerio de Educación decidió elaborar y ejecutar un programa de capacitación a los profesores, pero en tal programa no se incluyeron otras formas de evaluar el proceso de “aprendizaje” del maestro. Los exámenes y prácticas han sido de carácter objetivo. Muy pocos profesores capacitadores han aprovechado esa oportunidad para crear un espíritu crítico, de inquietud, de cuestionamiento. El resultado es lo que importa y los profesores lo sabían muy bien, por eso frases como: “uyyy, es para morirse. Tengo que pagar profesor particular para desarrollar mis prácticas, sino no avanzo con el resto”, o por ejemplo algo como: “ya no se puede ni dormir ni elaborar las sesiones de clases para los chicos, porque el tiempo se nos va en las prácticas de razonamiento matemático y razonamiento verbal”; o esta: “préstame, que no he tenido tiempo de hacerlos”, son muestra de que los profesores ya no están para dedicar su tiempo a desarrollar prácticas exhaustivas de conocidas materias , sino aprovecharlo para investigar sobre lo que concierne a su profesión, que con la lectura la vaya redescubriendo continuamente . Lo que se propuso como solución fue tomado como problema. ¿Fue consecuencia de desorganización de su tiempo, empeño de algunos por querer ser el número uno en la lista de profesores capacitados por el estado, justificación de otros para faltar al colegio o dormirse en el aula, o perder el tiempo con los alumnos en el aula… según ellos corrigiendo exámenes, o la causa está en la falta de carácter del capacitador o deficiente manejo de instrumentos para evaluar cualitativamente? El caso es que de un momento a otro no vamos a solucionar el problema y mucho más si al intentarlo, se generan otros. Pero el trasfondo de este afán no es para lograr “mejores maestros, mejores alumnos”, sino demostrar a cada peruano que con el poder y la plata hacen del maestro lo que quieren cuando éste se lo permite. Ante lo dicho, dejo que formulen su propia respuesta a: ¿cómo fue su evaluación en razonamiento verbal y en razonamiento matemático?
Posteriormente, el PRONAFCAP tuvo a bien obtener como producto de dichas capacitaciones un trabajo de investigación, sea en el área de comunicación o investigación, por parte de los profesores. Sea esto bien venido.

Para terminar, en las siguientes líneas sólo trataré de hacer memoria sobre algunos hechos y en base a ellos, invitarlos a formular sus propios cuestionamientos y posibles soluciones.

El gobierno sabe en qué estado se encuentra el sistema educativo peruano y lo único que ha hecho es dar a conocer en cifras lo que todos sabemos o nos han hecho creer que tales resultados o deficiencias es por dejadez de profesores porque no les gusta ni quieren lo que hacen en las aulas, por justificación de falta de capacitación por los bajos sueldos (y eso es cierto, en la gran mayoría), u otras razones – todas válidas, en la medida que sean ciertas-, pero lo importante es que creo saber el origen de toda esta descubierta y afirmada terrible situación. Allá por la década de los años 80, y que lamentablemente, no se pueden retroceder.
La modalidad de este gobierno, en cuanto al proceso de nombramiento ha sido la evaluación a todos los profesores sean nombrados o no. Para ello, se ha visto en la necesidad de gastar cuantiosas sumas de dinero en la aplicación de exámenes para contratos y nombramientos. En cada etapa, la esperanza ha permanecido, ya que la confianza, estaba perdida desde el primer momento. Sin embargo, poco a poco se ha diluido. No por falla en el sistema, no por incompetencia nuestra, sino por corrupción desenmascarada.
Ahora, suspicazmente, la aplicación del examen ha sido reprogramada para el 27 de febrero. En ningún momento al Ministro de Educación le interesó lo que hoy ha tomado tan serio, a tal punto de exigir todo el peso de la ley a los profesores que fueron encontrados con las manos en la masa. Si me permiten otras interrogantes, aquí las emito: ¿Por qué dar crédito ahora a rumores de que el examen ha sido sustraído, si antes pasando lo mismo no lo hizo? ¿Será para quedar bien con el Magisterio, después de hacerle víctima de tanto desbarajuste? ¿Recuerdan cuál nota fue la mínima en el primer examen de nombramiento, y aquella nota que en uno de los últimos llegó a pasar de 20?

Esperemos que el gobierno, conjuntamente con el Ministerio de Educación en lo sucesivo trabaje en deshacer lo que en la mente de varones y mujeres ha tejido enmarañadamente en relación al Magisterio. La idea errónea de qué significa ser profesor en el Perú: “No hay que ser “chancón” o “chancona”. Si a las finales vas a ser profesor, eso no importa”, no debe tener más lugar. Le ha costado a generaciones de niños, no disfrutar de una educación de calidad.
Por nuestra parte, estimados colegas, debemos exigir con nuestro trabajo arduo y continuo que ellos acepten y concreticen la idea de que la educación juega un papel trascendental en la construcción de una sociedad digna. Ser ejemplo para que no vuelvan a dejarla en manos de personas cuya preparación dice poco o nada de ellas, sino confiarla a quienes tienen espíritu innovador para transformar el mundo y pueden manejar las riendas necesarias que demanda la formación de niños y adolescentes. Hay que demostrarles que quien enseña es porque quiere desconocer menos y que cuando se propone hacer queriendo, no prioriza limitación alguna.
Preparémonos para trabajar, no estudiemos para postular.

¿ESTUDIAR PARA POSTULAR, O PREPARAME PARA TRABAJAR?

Teresa Liliana Menor Alarcón
La etapa de sometimiento ante un examen de nombramiento, felizmente ya termina. Pero, en lo sucesivo expondré las posibles causas y consecuencias que de ella se desprenden.

Para empezar, la nota de un examen es uno de muchos indicadores de evaluación, pero no menos importante para saber que algo anda mal o bien en el proceso de aprendizaje de cada uno de los alumnos. Es una fuente importante de información, tanto para el alumno como para el profesor (y para los padres, también). Sirve para hacer una probable reflexión sobre cómo se realizaron las sesiones de aprendizaje, qué se debió abarcar con mayor o menor tiempo y profundidad, qué dificultades se presentaron, entre otros aspectos. Pero sobre todo para tomar una decisión conjunta en cuanto a una reprogramación totalizadora del proceso. La realización de entrevistas, conversaciones, observaciones, investigación de los contenidos; la lectura sobre el ser del grupo que estamos formando, el ambiente laboral y de aula, las expectativas y más, permitirán obtener, más que alcanzar, resultados satisfactorios para todos.
La evaluación, entonces no se limita a una nota ni su finalidad es excluir a quienes no obtienen una aprobatoria. Sin embargo, mientras en las aulas cada profesor peruano intenta y (creo lo ha logrado en gran medida) no seguir arrastrando el modelo tradicional, que promueve la aplicación de pruebas con ítem para marcar cuál es la respuesta correcta, o donde el acto de redactar es casi nulo, cada uno de ellos nuevamente sería testigo, este 13 de febrero de un examen que tiene esas característica. Entonces, esto resulta siendo una incoherencia ¿de qué tipo: cruel?
Tal vez resulta más fácil, no menos costoso asumir la idea de ver a cada profesor como un postulante que lo único que lo diferencia de éste es que no tiene ni 15 ni 18 años de edad. Por lo demás, dispone de tres horas cronológicas, de una cartilla para marcar su respuesta y de un cuadernillo donde se presenta el contenido correspondiente a cultura pedagógica, contenidos de especialidad, conocimientos sobre currículo y un test psicológico que seguro sirve para marearlos más. E incluso, resulta irrisorio y contraproducente que en dicho examen los profesores respondan ítems sobre la evaluación de proceso, siendo ellos, sujetos hasta ahora de rendir una de tipo sumativa. ¿Cuál es el objetivo de todo esto?

Papel importante cumplieron los grupos de estudio, las academias, universidades, y demás entidades a fines a la educación que han querido aprovecharse de tal situación, generando una necesidad de preparación pre examen de nombramiento, donde dos meses antes de la fecha, los profesores cual alumnos pre-universitarios han acudido para afianzar, recordar, dominar, memorizar contenidos que han quedado relegados en un rincón porque ni como saberes previos han sido utilizado al ejercer su carrera. Las capacidades, habilidades y destrezas que se desarrollaron en su momento al haber estudiado tal o cual materia, durante los 11 años de educación básica regular son las que sirven, y qué decir de la etapa pre-escolar. Volver a aplicar fórmulas para el conteo de figuras, hacer una lista de palabras rebuscadas para creer en ese momento que gozamos de un variado repertorio léxico, aplicar fórmulas de simplificación, recordar seno de 45 y la fórmula de la base del triángulo; hacer nemotecnia para recordar los propósitos de la educación peruana o los objetivos de la misma, ya no tiene sentido. Todos y muchísimos más, ya están olvidados o están siendo aplicados acorde a una realidad. ¿O no profesores de inicial, primaria y secundaria?

Por otro lado, todos sabemos que es necesario ampliar nuestros horizontes culturales, conocer algo de la realidad regional, nacional e internacional, y mucho más de aspectos que involucra el quehacer profesional que nos compete. No obstante, no responder a una pregunta sobre esto o aquello, acarrea una serie de calificativos para el profesor. Lo tildan como descontextualizado, no lector, desactualizado, ignorante, incompetente, desubicado, etc. Entonces, surge la necesidad de leer obligatoriamente sobre la geografía, la población o la extensión territorial de alguna zona de Lambayeque. Podría resultarle menos difícil si es que el postulante viviera en el mismo departamento, pero ¿Qué pasa cuando el profesor viene desde Tacabamba, Moyobamba, Juanjui, u otros lugares alejados de nuestra región? Ante dicho fenómeno, no sé si es pertinente el requisito de dar examen en Chiclayo, y seguir el proceso en el distrito, caserío o centro poblado de un departamento cuya realidad sólo podrías conocerla viviendo en él. Mencioné conocerla, no saber la lección de paporreta y luego de pasar el examen o la entrevista no te sirva de nada.
Otra de las causas es que carecemos de una política educativa y de un modelo de evaluación acordes con las necesidades y características de los profesores- alumnos. Que generen interés por formar personas con carácter de investigador, desde las escuelas y en lo sucesivo, en las universidades; que orienten el trabajo del fututo profesional, y si es profesor, mucho más. Una política en la que se manifieste preocupación por formar al profesor desde antes que éste lo sea. Esto es posible, si la evaluación responde a una política educativa que tenga referencia en los diagnósticos reales y precisos, y también, si la evaluación se concibe según enfoques no distantes de la realidad educativa peruana. Cuenta también el hecho de primero prepara al profesor en qué consiste y cómo aplicar un modelo de evaluación, y no suceda al revés. Además, un profesor “postulante” no es más competente por tener bajo el brazo gran cantidad de constancias, mientras que quienes están nombrados, aduras penas, ostentan sólo el título de profesor y, a veces, ni eso. Claro, todos sabemos que esto tiene otro origen, que no es el caso manifestar porque es obvio. Siendo así, ¿cabe una evaluación (sólo) de tipo cuantitativa?

Centrémonos ahora, en el profesor, quien muchas veces decide capacitarse no por querer ser mejore, sino por temor a salir desaprobado en las improvisadas evaluaciones del Ministerio de Educación. Aunque si lo hiciera por iniciativa propia, sabríamos con quien contar para ser realidad la frase: “mejores profesores, mejores alumnos”. Estoy segura, que si los estudios de especialización respondieran a exigencias personales, por convicción y vocación, la educación en el Perú sería de calidad, ideal que nos lleva a repetir lo siguiente: formar alumnos- profesores con carácter de investigador. De lo contrario, se seguirá creyendo que quien tiene más grados y títulos, cartones de capacitaciones, talleres, cursos y otros merece, en cierto modo, ciertas preferencias. Esto es peligroso, más aún si la obtención de aquellos es producto de un negocio clandestino o de contar con unos minutos para hacer acto de presencia para firmar y, finalizada la jornada, otra vez aparecer para recogerlos o ser incluido en la lista de asistencia. Se sabe que es cuestión de ética profesional, pero también de una cultura de evaluación integral y coherente en toda institución educativa, respaldada por investigaciones que le permitan al profesor – evaluador concebir la evaluación como una vía para hacer crecer y mejorar al profesor- alumno como profesional y ser humano. A estas alturas, no podemos seguir a la deriva, dando cabida a la improvisación, a la mediocridad, al facilismo y tanta corrupción. En este sentido, el profesor no debe exasperarse y dejarse sorprender por sujetos cuyo objetivo es desacreditar su imagen profesional y llenarse los bolsillos a costas de uno. El proceso de evaluación, iniciado con el examen de nombramiento no está siendo transparente, y sólo el que quiera tapar el sol con un dedo cree equivocadamente que logrará una plaza sin ir a un juicio o pagar una determinada suma de dinero. Lamentablemente es la realidad. ¿A caso es la necesidad, la desesperación, lo que lleva al profesor a involucrarse en viles actos con tal de gozar de estabilidad laboral, solvencia económica, seguro de salud, y demás beneficios?

¿Y qué piensa usted de la evaluación de la clase modelo? La deficiencia en su realización, constituye otra de las causas. Para empezar, el cronograma publicado no se respeta, las aulas que son designadas para desarrollar la sesión está propensa a cambiar (“ya no vas a realizarlo en 5D, sino en 4to C” – Escuché decir a un jurado), y el jurado evaluador llega tarde o la ausencia de uno se cubre o no por otro improvisado. En cuanto al tiempo, son 45 minutos establecidos y organizados, según cada momento, pero resulta que o el observador se durmió, o está recién leyendo la ficha de observación o no pasa ni 15 minutos y ya finaliza su participación. Las condiciones de seguridad para que el proceso de nombramiento se realice con total transparencia no inician en las bóvedas del Banco ni en contratar a escuadrones de policías. Termina en cada persona directamente involucrada como observador, como revisor, como técnico, como archivador, como postulante o como jurado. Uno no puede denunciar tal negligencia porque la frase “papelito manda”, o “una imagen vale más que mil palabras” no le resulta nada beneficioso al profesor cuando no cuenta con ningún papel ni fotografía, tan sólo con unos ojos que son testigo de todo ello. En ese sentido, es importante tomar en cuenta la disparidad que podría haber entre la concepción de evaluación que maneja el jurado calificador y la del profesor evaluado. Para no acentuar dicha diferencia, el evaluador debe ceñirse a los indicadores, los mismos que deben ser claros, precisos y específicos. Este mismo procedimiento lo hacen los supervisores de la DRE (Dirección Regional de Educación) o la UGL (Unidad de Gestión Educativa) al visitar las aulas para saber sobre el desempeño del profesor. Entonces, por qué el Ministerio de Educación no toma en cuenta dicha información, la misma que es real e inmediata y sin sobornos. Podríamos evitar gastos innecesarios y disgustos vanos, cuando a pocos días de un examen, éste circula por cuanta mano lo reciba, obligando después su obligada postergación.
Si tuviera que aceptar un proceso de nombramiento serio y confiable, apostaría por que la clase modelo sea la única forma de garantizar una preparación idónea del profesor. Sin perder mucho dinero ni tiempo.

Pero no sólo existen causas y consecuencias, sino razones para sustentar la pervivencia de la ya referida etapa. Para no sentirse excluido como aquel alumno cuando el profesor le grita o reclama por qué ha salido “jalado”, el Gobierno junto con el Ministerio de Educación decidió elaborar y ejecutar un programa de capacitación a los profesores, pero en tal programa no se incluyeron otras formas de evaluar el proceso de “aprendizaje” del maestro. Los exámenes y prácticas han sido de carácter objetivo. Muy pocos profesores capacitadores han aprovechado esa oportunidad para crear un espíritu crítico, de inquietud, de cuestionamiento. El resultado es lo que importa y los profesores lo sabían muy bien, por eso frases como: “uyyy, es para morirse. Tengo que pagar profesor particular para desarrollar mis prácticas, sino no avanzo con el resto”, o por ejemplo algo como: “ya no se puede ni dormir ni elaborar las sesiones de clases para los chicos, porque el tiempo se nos va en las prácticas de razonamiento matemático y razonamiento verbal”; o esta: “préstame, que no he tenido tiempo de hacerlos”, son muestra de que los profesores ya no están para dedicar su tiempo a desarrollar prácticas exhaustivas de conocidas materias , sino aprovecharlo para investigar sobre lo que concierne a su profesión, que con la lectura la vaya redescubriendo continuamente . Lo que se propuso como solución fue tomado como problema. ¿Fue consecuencia de desorganización de su tiempo, empeño de algunos por querer ser el número uno en la lista de profesores capacitados por el estado, justificación de otros para faltar al colegio o dormirse en el aula, o perder el tiempo con los alumnos en el aula… según ellos corrigiendo exámenes, o la causa está en la falta de carácter del capacitador o deficiente manejo de instrumentos para evaluar cualitativamente? El caso es que de un momento a otro no vamos a solucionar el problema y mucho más si al intentarlo, se generan otros. Pero el trasfondo de este afán no es para lograr “mejores maestros, mejores alumnos”, sino demostrar a cada peruano que con el poder y la plata hacen del maestro lo que quieren cuando éste se lo permite. Ante lo dicho, dejo que formulen su propia respuesta a: ¿cómo fue su evaluación en razonamiento verbal y en razonamiento matemático?
Posteriormente, el PRONAFCAP tuvo a bien obtener como producto de dichas capacitaciones un trabajo de investigación, sea en el área de comunicación o investigación, por parte de los profesores. Sea esto bien venido.

Para terminar, en las siguientes líneas sólo trataré de hacer memoria sobre algunos hechos y en base a ellos, invitarlos a formular sus propios cuestionamientos y posibles soluciones.

El gobierno sabe en qué estado se encuentra el sistema educativo peruano y lo único que ha hecho es dar a conocer en cifras lo que todos sabemos o nos han hecho creer que tales resultados o deficiencias es por dejadez de profesores porque no les gusta ni quieren lo que hacen en las aulas, por justificación de falta de capacitación por los bajos sueldos (y eso es cierto, en la gran mayoría), u otras razones – todas válidas, en la medida que sean ciertas-, pero lo importante es que creo saber el origen de toda esta descubierta y afirmada terrible situación. Allá por la década de los años 80, y que lamentablemente, no se pueden retroceder.
La modalidad de este gobierno, en cuanto al proceso de nombramiento ha sido la evaluación a todos los profesores sean nombrados o no. Para ello, se ha visto en la necesidad de gastar cuantiosas sumas de dinero en la aplicación de exámenes para contratos y nombramientos. En cada etapa, la esperanza ha permanecido, ya que la confianza, estaba perdida desde el primer momento. Sin embargo, poco a poco se ha diluido. No por falla en el sistema, no por incompetencia nuestra, sino por corrupción desenmascarada.
Ahora, suspicazmente, la aplicación del examen ha sido reprogramada para el 27 de febrero. En ningún momento al Ministro de Educación le interesó lo que hoy ha tomado tan serio, a tal punto de exigir todo el peso de la ley a los profesores que fueron encontrados con las manos en la masa. Si me permiten otras interrogantes, aquí las emito: ¿Por qué dar crédito ahora a rumores de que el examen ha sido sustraído, si antes pasando lo mismo no lo hizo? ¿Será para quedar bien con el Magisterio, después de hacerle víctima de tanto desbarajuste? ¿Recuerdan cuál nota fue la mínima en el primer examen de nombramiento, y aquella nota que en uno de los últimos llegó a pasar de 20?

Esperemos que el gobierno, conjuntamente con el Ministerio de Educación en lo sucesivo trabaje en deshacer lo que en la mente de varones y mujeres ha tejido enmarañadamente en relación al Magisterio. La idea errónea de qué significa ser profesor en el Perú: “No hay que ser “chancón” o “chancona”. Si a las finales vas a ser profesor, eso no importa”, no debe tener más lugar. Le ha costado a generaciones de niños, no disfrutar de una educación de calidad.
Por nuestra parte, estimados colegas, debemos exigir con nuestro trabajo arduo y continuo que ellos acepten y concreticen la idea de que la educación juega un papel trascendental en la construcción de una sociedad digna. Ser ejemplo para que no vuelvan a dejarla en manos de personas cuya preparación dice poco o nada de ellas, sino confiarla a quienes tienen espíritu innovador para transformar el mundo y pueden manejar las riendas necesarias que demanda la formación de niños y adolescentes. Hay que demostrarles que quien enseña es porque quiere desconocer menos y que cuando se propone hacer queriendo, no prioriza limitación alguna.
Preparémonos para trabajar, no estudiemos para postular.

lunes, 21 de junio de 2010

CERRO COTORUMI: MONTÓN DE PIEDRAS

POR SEGUIR LOS TRES CONSEJOS
Tal vez sea un atrevimiento terminar de narrar esta aventura tratando de retratar con el lenguaje la naturaleza viva y virgen con la que estuvimos en contacto este fin de semana, sin embargo es necesario permitir a estas líneas atrapar los recuerdos que de seguro no se desvanecerán pronto.

La experiencia vivida debo agradecerle al profesor Maxe Suxe, quien depositó su confianza en mí para realizar la presentación de su libro Los tres consejos, en la ciudad de Santa Cruz, que por cierto, tiene mucho de un pueblito llamado Lajas, también perteneciente al departamento de Cajamarca, y del cual salí hace 21 años. Entonces, ya se imaginarán que la tierra, el viento y la gente, no me eran extraños; la nostalgia y añoranza se reflejaban en mi mirada en algunos momentos, pero sobretodo la alegría por disfrutar de un día en ese paisaje de cielo muy azul.
Confieso que la única cómplice de una travesía muy desconocida fue la mañana del 5 de junio; el tiempo parecía detenerse; el calor, las ganas de bajar del bus, y los disimulos de que todo estaba bien, hasta llegar a los pálpitos acelerados del corazón, todo se iba intensificando. La adrenalina sólo producía risas y miradas con ojos bien abiertos cuando presentía que lo único que sostenía al bus era mi poco peso y mis posiciones opuestas hacia donde se veía el abismo.
Mi mamá me acompañaba en el esfuerzo hasta tranquilízame. Javier y Darío fingían su temor preguntándome ¿Qué!, Maxe no te ha explicado acerca de la carretera? Mientras yo, sólo atinaba a lanzar una advertencia: En la noche no habrá presentadora de libro, tan sólo una mujer asumiendo el rol de Marcelino Callirgos que llega después de veinte años de ausencia a la casa de su amada Rita María para contarle lo espinado, abrumador y a la vez excitante que le pareció el camino hasta llegar a Los Sauces. Aunque nada de eso pasaría, ya que la excusa sirvió para darme cuenta de que no estaba perdiendo la cordura ni la memoria, a pesar de seguir sintiendo continuos acaloramientos.
Por fin llegamos, faltaba poco para las 4 de la tarde. Nos instalamos en el Hotel santacruceño, cálido, limpio y sobretodo muy acogedor, pero aún nuestro cuerpo no encontraba alivio. Probamos un duchazo, que bien valía la pena, después de un agotador viaje. El agua “helada” resultó siendo nuestra gran tranquilizadora; sentirla y luego, quedarse dormida unos cuantos minutos fue lo mejor hasta esos momentos.

Por la noche, después de unos panecitos con queso santacruceño, o unas tortillas con verdura acompañados de un anís natural, estábamos listos para empezar la jornada. Todos con la expectativa de que el evento tendría ese aire de novedad inquietante que movería a los lugareños a concentrarse en el auditorio de la Municipalidad distrital de Santa Cruz. Y así fue, era las 8 y un “paisano” con micro en mano hacía el llamado a quienes curiosamente miraban desde la puerta; los invitó a pasar y conjuntamente con los señores y señoras puntuales, disfrutaron de la presentación del cuento escrito por Javier Villegas Fernández: Sapito Sapón, de la promoción del libro, escrito por el profesor Darío Hernández: Comprensión de textos y, del plato de fondo (como lo dijo el conductor): Los tres consejos. Don Mario anunciaba con su potente vozarrón nuestra presencia y de inmediato, como buenos patriotas, procedimos a entonar las notas del himno, con ese entusiasmo que sientes al estar entre tu gente y tu Perú, lejos del bullicio, y a la vez, muy cerca del chicharrón con mote, el cuy con papas y la cancha.

La presentación de Los tres consejos del novelista Maxe Suxe giró en torno a tres lecturas: analítica, interpretativa e intertextual. Las tres me permitieron mostrar al público cómo está estructurada la historia (dos macrosecuencias: Partida de Genaro de Los Sauces, y llegada de Genaro a El Cañaveral; Partida de Genaro de El Cañaveral, y Llegada del mismo hacia Los Sauces), los temas que se abordan en ella (estructuras cognitiva y social: fidelidad, distancia, identidad, familia, descendencia, entre otros) y las relaciones que tiene con otras historias (Polifonía: Puerto Cholo, La Odisea ), que a pesar de corresponder a otras contextos, se asemejan en el rol que cumple cada sujeto (Manuel, Jacinta, Juan Pedro; Ulises, Penélope y Telémaco; Genaro, Rita y Mateo. Cada uno como esposo, esposa e hijo, respectivamente).
Para cerrar la noche, la venta de libros, la conversación entre algunos asistentes, las felicitaciones del caso hacia los que llevaron a promocionar sus libros y, obviamente, la toma de fotos para el recuerdo, se realizaron con la curiosidad y aceptación esperadas. Lo que nos faltaba solamente era descansar a brazos tendidos y al abrigo de las “mantas”, y amanecer con las pilas puestas, listos para disfrutar de un domingo lleno de más aventuras.
En búsqueda de unos chicharrones recién fritos y humeantes, acompañados de mote y café bien caliente, empezamos a caminar por las calles del mercado. En “Aquí me quedo” encontramos más de lo que queríamos: buen trato genuino, paciencia y buen humor.

Después de constatar esa frase popular: “barriga llena, corazón contento”, nos arriesgamos a salir de la ciudad rumbo al cerro Cotorumi.

Bajo el sol intenso, viéndonos rodeados de piedras rectangulares muy grandes, con nuestro olfato sorbiendo el olor del anís, y de las exóticas coloridas flores, subimos serpenteantes caminos. Cada vez que girábamos nuestra mirada hacia abajo, la ciudad se veía más pequeña. Una foto por aquí y por allá formaba parte del espectáculo que vivíamos y había algo que nos animaba a seguir cuesta arriba: la energía y vientos frescos.
Mi mamá no tenía dificultad para continuar, pues conversaba sin notorio cansancio. Javier, por su parte iba buscando las mejores ubicaciones donde colocar su libro, ya que sigue en su proyecto de “Itinerario de Sapito Sapón”, y a la vez, tratando de encontrar algún fondo que capturara la cámara para utilizarlo como portada de sus futuros libros. Maxe, atinaba a contarnos sobre su vida en Santa Cruz cuando niño y a señalarnos que su querido Tostén no estaba muy lejos. Yo, seguía pensando que mientras más habla uno subiendo la cuesta, se cansa más. Así que ya se imaginaran lo inmuta que iba. Después era difícil continuar sin hablar. No faltaba alguna planta de curiosa forma, o una cruz aún distante que nos hacía parar y comentar de lo maravillosa e incomparable que es nuestra tierra.

Finalmente, nuestra meta era llegar hasta la cima. Nuestros pasos más lentos, pero firmes, nos aseguraron que faltaba muy poquito. Las mariposas multicolores, hermosas, e inmensas (no exagero), los eucaliptos, los líquenes, las flores de múltiples colores y otros atractivos impresionaban a nuestra vista.
Arriba, en lo más alto del cerro sentimos el cielo tan cerca. Lo único que nos rodeaba eran cuadros de paisajes con caminos hechos a punta de sudor y esfuerzo. Caminos que no tienen 50 ni 100 años de antigüedad, sino la huella de los cascos de caballos y mulas que llevaban pesadas cargas, desde hace muchísimos años atrás.
Luego de extasiarnos con envidiable belleza, y aceptar que tan sólo por ese día formamos parte de ella, retomamos nuestro camino de regreso.
La bajada siempre es fácil, dicen, pero para Javier resultó un tanto peligrosa. Dio un mal paso y resbaló. Felizmente sólo fue un raspón en dos dedos de su mano. El resto, bajábamos con la satisfacción de haber disfrutado de aires frescos y de sentir algunas gotas de la famosa “chirapa”. La lluvia vendría mucho más tarde. Pero seguros de que allí era una bendición de Dios, no tuvimos temor, más bien parecía que nosotros hubiésemos sido los primeros en avizorarla cuando retornábamos a la planicie.

Después de vivir esta gran y nueva experiencia, estoy convencida de que valió la pena el cansancio, la traspiración, el calor intenso del sol y sobre todo el haber visto desde los primeros asientos y de día, el panorama que nos ofrecía la carretera a Santa Cruz.
Recomiendo la visita a esta tierra apacible, limpia y sin mucho ruido y con las ganas de su gente de progresar a costa de esfuerzo y trabajo.

martes, 11 de mayo de 2010

INTENCIONES
ARLI
Hasta hoy preexiste una intención:
sentir el sonido de tu nombre muy acá,
vivir con beneplácito en tu mirada,
crear sonrisas solidarias con tus besos,
entender el lenguaje en tus abrazos,
mirar en tu pupila el color,
aceptar la muerte en instantes contigo,
evitar avanzar por si tropieces;
expresar mi voz original,
preparar un preámbulo muy anticipado,
acariciar tus huellas en mi piel,
esconder tus pies con libertad,
escuchar sin mal sabores tus sermones,
cantar la letra de tus movimientos,
bailar la alegría fuera del mundo,
construir mi ser en cada arribo,
y matar las ganas de inanición.

Y otra:
caminar a la unión de nuestras realidades,
abrazar el suspiro fugaz de tu figura,
imprimir al rocío nuestra verdad,
fusionar mi impaciencia con tu experiencia ,
unir la ansiedad y la certeza constantes,
advertir el amor inquieto en cada beso,
saborear contigo la distancia “tere-cita”,
leer las líneas sin término de tus recorridos,
imaginar nada, si vivimos al juntarnos,
iluminar la oscuridad al mirarnos,
permanecer en cada recuerdo,
compartir la calidez de tu mañana,
aprehender nuestra vidas al contacto
y deshacer siempre lo dicho.

Entonces, somos el yo y tú humanizados, solamente; pero muy juntos, eternamente.

sábado, 25 de julio de 2009

IV - III

IV
Te privaste de labios ensimismados femeninos míos,
De advertir entre mis latidos espasmos de locura,
De girar sobre el tiempo al explorarme,
De ayunar castigos, al saborear mis deseos.

Cesaron los silbidos de la encantadora membrana,
El leve escalofrío de mi piel,
Las noches claras del placer,
Las enredadas fibras precipitadas,
Los empinados y voluminosos soles

Pero créeme:
La “v” de mi escote,
La pendiente de mi espalda,
Mi cauce que invita al caos,
Las duplas que te abrasaban
Aún, te esperan.


III
Mi Amor de corazón no viene,
Sale del nevado con su
Negro estupor.
Viene acariciando
Espinados recuerdos
Hacia el salón.
Llega y caliente
Explota bravucón.

Mi Amor de corazón no viene,
Con sus ojos desaparecióme.
Mis besos de a pocos,
Lograronle aplacar.
Florece el presente…
Hay calma en el salón.

Del trabajo no hablemos,
Que haremos apasionada faena.
En mi espacio reñido
Cabemos los dos.
Hemos terminado,…
Hay fuego en el salón.